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Algunos antecedentes
 

Se impone en principio, hacer una breve consideración sobre el origen de la actividad lechera en el país.

Hasta 1875 el suministro de leche a Buenos Aires estuvo en manos de criollos, a partir de allí y como consecuencia de una fuerte inmigración vasca inclinada hacia esa actividad, el panorama cambia de tal forma “que es raro ver un lechero del país”. (Anales de la Sociedad Rural Argentina, 1884).

Fueron estos vascos, sin duda, los que encarrilaron el tambo sobre guías serias. Con una cruza muy imperfecta con razas inglesas, descendientes del “Tarquino” de Mr. Miller, los vascos logran algunas vacas que amanzaban “golpes de puño”. Este hecho, resultó fundamental para el desarrollo de la actividad.

Es sabido que hacia fines de siglo pasado, la práctica del ordeñe no se realizaba casi en ninguna estancia, sólo algunos puesteros solían hacerlo. Los terneros de esas vacas, mansos y acostumbrados al contacto con el hombre, engordaban mucho más que los otros. Al percatarse de ello, los hacendados comenzaron a entregarles las vacas a los puesteros (para que éstos las ordeñasen), así lo exigían las exportaciones en pié al Reino Unido, y luego la demanda de los frigoríficos.

El tambero sustituyó así al puestero en las estancias.

Por aquel entonces, una vaca daba de 6 a 8 litros de promedio por día. Cierta indiferencia existía por la actividad lechera, los 24,5 millones de vacunos existentes en 1900, tenían otros destinos.

Sin embargo, en 1902, surge un gran entusiasmo por la actividad lechera y un par de centenares de hacendados instalan tambos en sus estancias.

A este hecho circunstancial y anecdótico, se agrega uno dramático que produjo importantes transformaciones, fue la guerra del 14 en Europa. Dice el Ing. Agr. Bazola al respecto, en un artículo aparecido en “El Tambero” de Dic. 87 Ene. 88, que esto “determinó un violento y desordenado crecimiento de la industria lechera nacional, proceso reflejado en la gran cantidad de precarias cremerías, mantequerías y queserías que fueron instaladas bajo la influencia de amplios márgenes en los beneficios económicos y elásticas exigencias en la calidad bromatológica de los derivados lácteos”.

Pero la guerra concluyó y las exportaciones se redujeron sensiblemente. Fue necesario reacomodar la actividad y asociarse para defender los intereses económicos comunes; es por ello que surgen varias asociaciones de tamberos y entre ellas, la que nos ocupa.

 
 
El Acto Fundacional
 

Nació en Italia y llegó joven al país. Se radicó en Bahía Blanca cuando ésta, era sólo un grupo de casas. Desde entonces su nombre estuvo unido a cuantas asociaciones italianas se hubieran creado. Tuvo tiempo además a dedicarse a la agricultura y ganadería en Tristán Suarez. Se llamaba Antonio E. Terrarossa y un día de 1919 convocó a sus amigos a una asamblea. Eran ellos los tamberos de la zona sud del Gran Buenos Aires. El motivo: “…defender los cuantiosos intereses del gremio y propiciar el mejoramiento de todos los productos que elabora una industria tan importante como lechera”.

Fue así que el “…veintitrés de Febrero de mil novecientos veinte a las dos de la tarde y de acuerdo con la convocatoria hecha al efecto, para tratar los Estatutos sociales y nombrar las personas que debían constituir la primera Comisión Directiva definitiva, se reunieron en el local del Hotel Comercio –Larre- en la calle Lima 1674 en Asamblea General los señores socios de la “Unión General de Tamberos” y resolvieron lo siguiente: Primero: Aprobar por unanimidad y aclamación los Estatutos que fueron leídos, artículo por artículo por el Señor Secretario. Segundo: Nombrar de acuerdo con el artículo once de los mencionados estatutos Un Presidente, un Vicepresidente, un Tesorero, un Pro Tesorero, un Secretario, quince Vocales Titulares y cinco Vocales Suplentes…”.

Fueron así elegidos Antonio E. Terrarossa, Juan Bordenave, Juan Etchart, Pedro Bondoni y Arturo D. Terrarossa para desempeñarse en los cargos de mayor responsabilidad.

“…siendo las cinco pasado meridiano”, terminó el acto fundacional de la Unión General de Tamberos.

Es de suponer que allí, frente a la Estación del Ferrocarril Sud, estos hombres comentaron la trascendencia del acto vieron ese largo camino que se habían propuesto recorrer.

 
 
La Unión hace la Fuerza
 

En el veinte, el productor estaba al borde de la bancarrota. El ganado había surgido una depresión del 60% de su valor real, sólo quedaba el recurso de la leche y sus derivados, la crema, la manteca y el queso. Había que defender esos productos para que la quiebra no fuera completa.

Ante esa crítica situación se necesitaba de la unión de todos los tamberos para defender los intereses comunes. “ La Unión hace la Fuerza ”, era el lema de estos idealistas que buscaron denodadamente ese primer propósito. Así lo reflejaban las palabras pronunciadas por Antonio Terrarossa con motivo de la renovación de la Comisión Directiva en 1923. “…si hay un gremio difícil de unir (y discúlpenme por la franqueza) es el nuestro.”. Cuatrocientos socios contaba la institución en 1922, setecientos un año después. Sin embargo, el 26 de julio de 1924, fecha en que fallece el fundador y primer Presidente de la Unión , los cimientos ya habían sido echados.

Más allá del cumplimiento y logro de esta primera meta, la incipiente Asociación se dedicó fervorosamente a temas puntuales, pero fundamentales. Uno de ellos fue el precio del producto (tema siempre vigente). En el año 1920 la leche destinada al consumo público se vendía al por mayor a $1 y $1,10 el tarro en la época de abundancia y a $1,50 en la época de escasez. Este precio no compensaba ni el capital empleado en la explotación del tambo ni los sacrificios que demandaba la obtención del producto. Con ese fin, el 20 de mayo la entidad celebró una Asamblea Extraordinaria que resolvió que a partir de esa fecha el precio mínimo para cada tarro de leche remitido con destino al consumo público sería de $2. Ese precio, aunque hoy resulte irreal, se mantuvo con excepción de un breve período, durante doce años.

Señalaba el Dr. Le Breton allá por el año '22 que era un convencido de que el precio de la leche era bajo para reunir las dos condiciones a exigir: higiene y pureza. Fue así, que se estableció dos calidades, la leche del tipo A que provenía de tambos con certificado sanitario y las de tipo B, que no lo poseían.

Notó también la Agremiación por aquellos años que los envases destinados al transporte del producto, que eran propiedad de los lecheros, se reemplazaban por otros similares pero que sobrepasaban en dos, tres y hasta cuatro litros, la medida convenida, hecho que significaba un abuso y una pérdida evaluada entonces en seis millones de pesos anuales. Cuentan también que los lecheros cuando limpiaban los tarros, los golpeaban por dentro con una bola de hierro deformándolos y ensanchándolos para obtener una mayor capacidad. Ante esta situación, obtuvo la Unión de los poderes públicos una reglamentación oficial al respecto. Se estableció en forma definitiva, la uniformidad de los mismos con una capacidad mínima de veinte litros.

Otro de los asuntos por los que siempre bregó la Asociación fue el de las tarifas ferroviarias, no sólo gestionó una rebaja, sino una bonificación y acordó con las autoridades pertinentes la implantación de la “Foja de Control”. Había en aquel entonces repartidores inescrupulosos. A ese Buenos Aires que superaba los dos millones de habitantes, remitían los tamberos la leche sin garantías de ninguna especie, a cobrar a cuarenta días o a no cobrar nunca, puesto que los repartidores para no pagar el producto recibido, sólo debían cambiar el domicilio o recibirlo en otra estación ferroviaria. Es por eso, que la implantación de esa elemental documentación fue uno de los mayores logros de la Unión.

Estos, entre otros, aunque como ya se dijera, primarios y elementales funcionaron y funcionarían con el tiempo, como material aglutinante en un gremio que se caracterizaba por su aislamiento e individualismo.

 
 
La Crisis del '30 y una Década de Cambios
 

La profunda crisis mundial iniciada el 24 de octubre de 1929 en Wall Street sacudió también los basamentos de la economía argentina. El precio de la leche había bajado a $0,80 y $1 el tarro de veinte litros y las exportaciones disminuyeron significativamente al abrigo del fuerte proteccionismo que encararon los países rectores.

Ante la crisis, la Agremiación se abocó al estudio y solución del problema a fin de evitar la bancarrota que amenazaba a los tamberos. Celebró dos grandes asambleas en la Capital y solicitó la intervención de los poderes públicos. Consiguió de esta forma que se estableciera un precio de $1,40 el tarro de veinte litros, un precio que si bien no era el ideal, permitía a los exhaustos tamberos mantenerse firmes a pesar de lo difícil de la situación.

La crisis había marcado un cambio y la unión del gremio era más indispensable que nunca, no cabía “la apatía, indiferencia y egoísta aislamiento” en la que se mantenían gran parte de los tamberos. En este sentido un editorial de la redacción remarcaba: “No es posible admitir, que desde 10 años atrás, el único artículo de primera necesidad que sigue teniendo el mismo valor es la leche, no obstante haberse duplicado los gastos de su obtención, debido a la constante suba de los arrendamientos, el aumento de los salarios, el aprovechamiento de forrajes, a la preparación de praderas artificiales y a la carestía de la vida en todos sus aspectos. Existe pues, una sobrada razón y un legítimo derecho para que los productores de leche, hagan valer su mercadería en consonancia con el costo de su obtención. Todo depende de la agremiación de los mismos. No hay que olvidar, señores productores que la “Unión Hace la Fuerza ” que genera el bienestar común.

Era necesario entonces, crear una organización capaz de dar una solución al problema de la producción, industrialización y comercialización de la leche en forma integral. Fue así que José C. Rolt de la Sociedad Gremial de Tamberos de Rosario y Ponciano País, Presidente de la Unión , coincidieron y sostuvieron la formación de la Corporación de Productores de Leche, sobre las mismas bases de la Corporación de Productores de Carne.

La unión fuera y dentro del gremio era indispensable, es por eso que la Asociación no escatimaba medios para lograr ese fin. En tal sentido, ofrecía una serie de servicios gratuitos para sus asociados que iban desde la gestión de cobros y trámites ante los poderes públicos, o el ofrecimiento sin cargo de análisis de productos, hasta la respuesta profesional ante enfermedades del ganado.

Desde su órgano de difusión brindaba un calificado material didáctico y una no menos significativa página destinada a desenmascarar a los lecheros morosos con el propósito de alertar a sus agremiados.

Eran los años '30, los años en que comienza el Estado a erigirse como rector de la economía. Eran los años '30, que como contrapartida de esa mutación del rol estatal ve surgir el movimiento cooperativo; las sociedades rurales del interior se robustecen nucleándose en confederaciones como CARBAP (1932), CARCLO (1938), luego CARTEZ; dieciséis cooperativas de Córdoba y Santa Fe se unen en Sancor (1938) y también se reúne el Congreso Constituyente de la C.G .T. en 1936.

Eran épocas de cambio y Buenos Aires también cambiaba; colgaba un obelisco en Corrientes e inauguraba la 9 de Julio.

 
 
En Procura de una Ley de Lechería
 

En busca de organizar todo lo relativo a la industrialización y comercialización de la leche, la Unión General de Lamberos expone con toda claridad y precisión sus necesidades y los medios adecuados para resolverlas. “Los productores sabemos cual es el medio para realizar estos propósitos; pero desgraciadamente somos impotentes para conseguirlo por nuestro propio esfuerzo, necesitamos imperiosamente que el Estado concurra en nuestro auxilio, dándonos una ley de agremiación compulsiva. No nos sentimos disminuidos al confesar nuestra impotencia. Se trata de una obra enorme y compleja, que exige esfuerzos superiores a los que se nos puede pedir. Por otra parte, tenemos un precedente que nos apoya. Los ganaderos con ser un gremio mucho más numeroso, con mayores capitales y también –justo es confesarlo- con una más elevada mentalidad, fueron incapaces de organizarse por su propio esfuerzo y obtuvieron la llamada Ley de Carnes, convertida hoy –pese a las críticas de forma- en hermosa realidad. Esto es lo que actualmente pedimos los tamberos esperando que este pedido que es ya clamor entre los productores, sea escuchado por los componentes de la Comisión Nacional de la Leche , al confeccionar el anteproyecto de ley de la misma”.

Sucedía pues, que ellos pensaban que todas las medidas y decretos de carácter oficial que se dictasen para mejorar la situación económica de los productores de leche, no habrían de constituir más que simples paliativos.

El 16 de septiembre de 1940 una delegación de productores de leche integrada por los representantes de CARBAP, por el Presidente y Secretario de la U.G .T., Dn. Ponciano G. Pais y el Dr. Arturo Sayús respectivamente, se entrevistaron con el Ministro de Agricultura Dr. Daniel Amadeo y Videla, a quien entregaron un anteproyecto de Ley de Lechería. El mismo contemplaba la creación del organismo comercial de los productores o sea la Junta Nacional de Lechería.

El anteproyecto fue presentado ante la Cámara de Diputados por el Dr. Justo G. Medina, gran conocedor del problema lechero. El anteproyecto en cuestión tendía a mejorar las condiciones económicas de los productores y garantizar la sanidad de la leche, poniendo así, una barrera al dominio de los capitales industriales, siguiendo, en líneas generales, la arquitectura de la Ley de Carnes. Se procuraba con ello satisfacer la exigencia que la industria lechera necesitaba en esos momentos una protección del Estado y la acción mancomunada de los productores asociados en Corporaciones de Comercialización y Control. El anteproyecto pasó a la Comisión de Legislación Agraria para su estudio y allí quedó olvidado.

Las inquietudes, no obstante, no se detuvieron, el 29 de enero de 1948 se convocaron las diferentes entidades tamberas del país en el local de la Unión y constituyeron la Confederación de entidades de Productores de Leche.

El tiempo, sin embargo, se encargaría de mutilar grandes esperanzas y truncar muchos sueños de los líderes gremiales.

 
 
Año del Libertador: una Sequía Implacable y Tamberos Rebeldes
 

En los primeros meses del '50 una sequía implacable tornó imposible la vida del tambero. “Hasta no hace mucho, no ganábamos apenas más que para malcomer, pero teníamos nuestras praderas verdeantes y nuestras vacas lúcidas” así rezaba un editorial de “El Tambo Argentino”. Vale la pena recrear algunos párrafos de ese trabajo. Continuaba diciendo: “Teníamos sobre todo y por encima de todo, a pesar de los sinsabores pasados, de las promesas siempre incumplidas y del encarecido ambiente de la incomprensión, una tenaz esperanza: la que en algún momento, quienes puedan y deban hacerlo, acometerán sin prejuicios el vasto problema de la producción lechera y le darán una justa solución. Hoy no tenemos, ni praderas, ni vacas, ni esperanzas. Los meses y años han transcurrido y han hecho su obra de desgaste. La calamidad actual, en forma de falta de agua, es el remate final en el accidentado camino.”.

Pero había más. Como en otras oportunidades, las usinas pasteurizadotas, sin comunicación ni consulta previa con las organizaciones de los tamberos, decidieron por sí, cual debería ser el precio a pagar por la leche destinada a consumo. El precio, sin embargo, había sido declarado libre por un decreto. Ante esa situación el 21 de octubre de 1950, los delegados de las distintas entidades, reunidos en asamblea, dispusieron suspender el envío de la leche a las usinas si éstas dejaban de satisfacer el precio de 0,25 centavos el litro. Para el día 26, el movimiento se generalizó y el 3 de noviembre fue insignificante la leche llegada a Buenos Aires.

El 2 de noviembre, la Mesa Directiva de la Confederación fue citada para que compareciera ante el Consejo Económico Nacional. El Propio Ministro de Hacienda conminó en forma perentoria a la suspensión del movimiento. La Confederación accedió a levantar la actitud para que no se creyera que la misma era de rebeldía pero obtuvo la promesa gubernamental de llegar a una pronta y justa resolución que contemplaría los intereses de los productores.

Terminó así un movimiento que demostró a propios y extraños la compacta y disciplinada fuerza gremial que había sido el sueño de los fundadores.

 
 
La Gran Cooperativa Tambera
 

La leche era un problema de enorme envergadura, no podía quedar por más tiempo a la iniciativa individual, anárquica y rutinaria de cada productor, víctima de una serie de intermediarios. Se imponía por lo tanto, llevar el producto desde los mismos tambos hasta la mesa del consumidor. De esta forma se podría hallar las soluciones adecuadas a todas las cuestiones que tornaban difícil el problema. Los productores lograrían brindar un producto, sin temer a las oscilaciones características de temporada, con precio estable y remunerador. Para el consumidor se lograría un producto sano, limpio y sin añadiduras ni adulteraciones.

Decía el Presidente de la Unión con motivo de la Asamblea General Ordinaria del 15 de marzo de 1951 que “este paso de superación que hemos dado, luego de treinta años de greamialismo, era fundamentalmente necesario para defender integralmente a nuestro tambo, siempre pospuesto y expuesto a la voracidad insaciable de los intermediarios que, desgraciadamente, han manejado siempre a su antojo y paladar el comercio de la leche”. Habían decidido constituir una gran cooperativa tambera. Otras organizaciones similares habían obtenido rotundos éxitos, como ser: la Cooperativa de Tamberos de Rosario y Sancor.

El Poder Ejecutivo de la Nación , por su parte, había ofrecido prestar su amplio apoyo. En tal sentido, el 6 de mayo de 1950 y por primera vez, más de seiscientos tamberos de todas las zonas escucharon de los propios labios del Presidente de la Nación , palabras que significaban una comprensión absoluta del problema. Dijo Perón en aquella oportunidad que “…había llegado el momento en que la Argentina debía organizar su riqueza.”, y manifestó la necesidad de la unión en forma de cooperativa. “El gobierno quiere que ustedes se organicen en cooperativa, representada por ustedes, formada por ustedes y financiada por ustedes, con ayuda del gobierno y entonces, el gobierno les va a solucionar los problemas de la producción y comercialización de los productos lácteos” y agregó: “…el problema mediato de la riqueza argentina, pensando en una primera etapa que satisfaga las necesidades del país y en una segunda de preparación de un volumen grande para la exportación…” todo llevaba a pensar que quedaba abierto un nuevo cauce para las relaciones entre los gobernantes y los productores tamberos. “La era de las traiciones envejecidas, de los hábitos ignorantes y de las preocupaciones estacionarias” habían pasado.

La Unión presentó su propuesta, la misma consistía en propugnar la comercialización del producto por cooperativa, lo que le permitiría capitalizar al productor, garantizar y descentralizar la administración del producto, construir plantas de recepción, enfriamiento e higienización en las zonas de producción, contar con un transporte ágil y sin inconvenientes, instalar en los lugares de consumo usinas pasteurizadotas que suministrasen leche pura e higiénica a la población y asegurar al productor mejores precios en sus compras. Muchos fueron los éxitos de la Unión en este período, especialmente a través de su cooperativa. Por intermedio de ella, los asociados lograron contraer seguros de accidentes, máquinas agrícolas (en enero del '52 se entregaron las primeras 22), toros de pedigree para el servicio de las vacas lecheras, etc.

Tal era la meta a la cual se orientó la acción de la Unión. Era el año '52, el mismo en el que se solicita la reelección del General Juan Domingo Perón y se adhiere al 2do. Plan Quinquenal, el mismo año en el que Erasmo Bonati propuso que quedara instituido como el día del tambero el 23 de febrero, el mismo en el que aparece por primera vez en “El Tambero”, la “Vaca Mamerta”, vaca que sabía mucho de vacas, de tambos y de tamberos “…hasta de lecheros sé… ¡y sé cada cosa de los lecheros!...”, el mismo año que la Unión se toma vacaciones del 1 al 15 de enero. Su Presidente era Pedro Etchart.

Pero sucedió lo que tenía que suceder. El 29 de septiembre de 1955 se remitió al Presidente Provisional de la Nación General Eduardo Lonardi el siguiente telegrama: “ La Unión General de Tamberos, cuyos socios suministran la mayor parte de la leche que se consume en la Capital Federal , saluda al Señor Presidente y se complace en hacer votos por el éxito de su patriótico cometido”. Firma el telegrama, Guillermo Mathieu, Secretario.

Desde sus páginas, “El Tambero” exhortaba al productor de campo “…a ese que mientras el país se desangraba en lucha fraticida, seguía empeñado en servir a la tierra, que no admite pausas…”, que no olvidara “…que la consigna es trabajar en forma, producir mejor, ejercitar una seria y sobria prudencia para hacer honor a esa alta responsabilidad que la historia ha puesto en manos de los argentinos después de estas duras jornadas del mes de septiembre de 1955” .

No obstante ello, la Unión no calla, persiste responsablemente a su labor. A pocas horas de asumir el mando el gobierno militar, plantea la necesidad de encarar el problema del precio estacional de la leche; “…no hay otra manera de colaborar que indicar con tiempo y prudencia el camino más lógico a seguir…”.

Sucedía que el Gobierno Provisional había resuelto depositar en las manos de los productores agropecuarios la responsabilidad de salvar la economía nacional, el Plan Prebisch comenzaba a rodar.

Para la Unión el mencionado plan, no consideraba al tambo. Su reacción fue una nota al entonces Ministro de Agricultura y Ganadería Dr. Alfredo F. Mercier, señalando concretamente los términos del problema y la necesidad de solucionarlos. Reconocía prudentemente que en cuarenta días de gobierno y ante un cambio tan expeditivo no se podía solucionar problemas de antiguo y que se habían agudizado notablemente en los últimos tiempos por virtud de una tendencia industrialista que había perjudicado, más allá de las promesas y ciertos paliativos, notoriamente al campo.

El gobierno, por resolución ministerial, declaró libre el precio de la leche.

 
 
¿Una CAP Lechera?
 

En enero del Sesquincentenario de la Revolución de Mayo, el precio de la leche era de $3,40 el litro y el kilogramo de grasa butirométrica 3% $133,33, la Unión propugnaba $4, insistía en que el precio a nivel productor debía tomarse sobre la base de costos de producción más una ganancia que le permitiera afrontar sin inconvenientes las constantes alzas de los insumos y la electrificación rural.

Había, sin embargo, un tema más prioritario: la corporación. La Unión buscaba afanosamente la sanción de una Ley de Lechería, para la zona de Abasto al Gran Buenos Aires, una ley de amparo y protección. Insistía en la creación de un tipo CAP, sin intervención estatal, que permitiese declarar obligatoria la pasteurización de la leche sin dar privilegios a nadie.

En 1961, se concreta esto último, por la ordenanza municipal, que coloca a los tamberos en lo que a la Capital se refería, en manos de las usinas. Una vez más, no logró plasmarse la integración económica del tambo y los productores quedaban a la zaga de sus aspiraciones frente a un pool industrial.

El 14 de julio de 1961, se realizó una imponente asamblea gremial, que contó con más de un millar de productores adheridos a la Unión. Resolvieron , en aquella oportunidad, primero: insistir ante la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires para que convirtiera en ley, el proyecto aprobado por el senado provincial, para que las cooperativas de tamberos pudieran hacerse cargo de la pasteurización de la leche; segundo: reiteraron el pedido formulado a los miembros del Consejo Deliberante de la Capital Federal para que prorroguen por un año la puesta en vigencia de la ordenanza de la pasteurización obligatoria, tercero: acordaron SUSPENDER POR RAZONES DE FUERZA MAYOR, EL ORDEÑO DIARIO, HASTA QUE LAS AUTORIDADES MUNICIPALES DECIDIERAN DE MANERA CLARA Y CONCRETA, QUIÉN, CÓMO Y CUÁNDO Y A QUÉ PRECIO RECIBIRÍA LA TOTALIDAD DE LA LECHE QUE LOS PRODUCTORES HABÍAN DESTINADO AL CONSUMO DE LA CAPITAL FEDERAL. El conflicto duró una semana, e inclusive, catorce productores fueron detenidos.

Varias reuniones con autoridades y representantes de la industria debieron llevarse a cabo para que el conflicto se resolviera. Fue ésta una solución coyuntural puesto que la situación de los tamberos no cambiaría.

Lo que si cambiaría en ese período, sería el domicilio de la Unión. A iniciativa del entonces Presidente de la Unión en 1953, el Sr. Pedro Etchart, se realizó una rifa con la que se obtuvieron $100.000 destinados a satisfacer un viejo anhelo de la agremiación: el local propio. A esa primera insuficiente cantidad se agregaron otros cientos de miles de pesos que se reunieron por medio de una emisión de empréstitos internos. El departamento de 70 m2 , en pleno centro de la Capital , que aún hoy abriga las pasiones del gremio, fue adquirido por $630.000 en los primeros meses del año 1962, y fue inaugurado el 9 de agosto de ese mismo año.

 
 
La Historia hasta 1985
 

Sequías e inundaciones, una política lechera equivocada, sobreoferta, impuestos y retenciones, precios artificiales no compensadores fijados por los gobiernos de turno, importación de productos lácteos subsidiados, una Ley de Lechería siempre postergada, entre otros, fueron, en el transcurso de los últimos veinte años, los factores fundamentales que llevaron al tambo a la mayor crisis de su historia. Crisis que produjo el desaliento de la producción y que llevó al cierre de 15.000 establecimientos.

A mediados de la década del setenta se preguntaba una editorial de “El Tambero” “…¿seguirá siendo el tambo la Cenicienta del campo…? ¿las autoridades tomarán al toro por las astas y ordenarán la lechería en todas sus etapas en y para bien del país?”.

Aunque parezca poco serio, hay que llegar hasta nuestros días para ver en lo formal, una situación diferente.

En diciembre de 1984 se creó, por un laudo del Presidente de la Nación Dr. Raúl Alfonsín, la Comisión de Concertación de Política Lechera (COCOPOLE). En la misma estuvieron representados el gobierno nacional, los gobiernos provinciales, la industria y la producción.

Luego de dos años de trabajo, se logró un ambicioso proyecto, cual fue el establecer un sistema de ordenamiento de la comercialización lechera, plasmado en un documento elevado al Sr. Presidente de la Nación en mayo del '85, bajo el título de: “Propuesta de Política Lechera”, adjunto, corría el proyecto de creación del Fondo de Promoción de las Exportaciones Lácteas (hoy ley Nº 23.359 -FOPAL-). Se había logrado con ello, alcanzar una postura común dentro de un marco de intereses contrapuestos. La Unión General de Tamberos así lo entendió suscribiéndose y tomando una activa participación.

 
 
 
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